El día de playa de Coco
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
Era el día más caluroso del verano, y la familia de Coco se iba a la playa. Coco nunca había estado en la playa. —¿Es como un arenero muy grande? —preguntó.
Cuando llegaron, a Coco se le abrieron mucho los ojos. La arena era cálida y dorada, y no se acababa nunca. Y más allá de la arena estaba el mar, azul y brillante, con olas que hacían fiuuu y ¡chof!
Coco pisó la arena. Estaba calentita y le hacía cosquillas entre los dedos. Cavó un agujerito. Luego un agujero más grande. Luego estaba tan hondo que solo se le veían las orejas.
Las gaviotas chillaban en lo alto. Un cangrejo pasó de lado junto a su nariz. —Hola —dijo Coco. El cangrejo la saludó con una pinza y siguió su camino, de lado, de lado, de lado. Coco intentó andar de lado también, y se cayó, muerta de risa.
Los niños construyeron un castillo de arena con torres y un foso. Coco ayudó dando palmaditas a las murallas con las patas. Luego se sentó encima de la torre más alta, que quedó aplastada. —Uy —dijo. Todos se rieron.
Coco no se metió en el agua, porque los gatos prefieren no mojarse. Pero miró cómo las olas venían y se iban, una y otra vez, como si el mar respirara.
Bajo la gran sombrilla de rayas, a la sombra fresquita, Coco se acurrucó en una toalla. El sonido de las olas y la suave brisa del mar la hacían sentirse muy tranquila. Fiuuu, chof. Fiuuu, chof.
Se quedó dormida soñando con cangrejos y castillos de arena, con un poquito de arena todavía pegada en los bigotes.
Fin 🐾
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