Farolillos en la nieve
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
En pleno invierno, cuando las noches eran más largas, el pueblecito de Villaescarcha celebraba la Fiesta de las Luces. Todo el mundo hacía un farolillo para iluminar la oscuridad.
El gatito Theo nunca había hecho un farolillo. Se sentó a la mesa de la cocina con papel, pegamento y un tarrito. —¿Qué forma quieres que tenga? —le preguntó su madre.
—¡Un pez! —dijo Theo, por supuesto. Así que recortaron peces de papel, los pegaron alrededor del tarro y los pintaron de naranja, amarillo y azul. Cuando su madre metió dentro una velita eléctrica diminuta, los peces brillaron como si nadaran en luz.
Esa tarde, todo el pueblo se reunió en la plaza. La nieve caía suavemente, y el viento susurraba entre los árboles desnudos. Todos levantaron sus farolillos. Había estrellas y lunas, flores y casas, y hasta un farolillo con forma de tetera gigante.
Entonces empezó la música. Una banda tocaba canciones suaves, y alguien hizo sonar la gran campana del pueblo. Todos caminaron juntos por las calles nevadas en un desfile largo y luminoso, y sus pasos crujían en la nieve.
Theo caminaba al lado de su madre, con su farolillo de pez bien alto. Vio a sus amigos, con las caras iluminadas por la luz cálida. Todos sonreían. El frío ya no parecía tan frío.
Al final del desfile, colgaron los farolillos en el gran árbol de la plaza. Brilló con cientos de luces. El farolillo de pez de Theo quedó colgado justo en el centro.
—Qué bonito —susurró Theo. —Esa es la magia de la fiesta —dijo su madre—. Cuando cada uno trae un poquito de luz, juntos podemos iluminar hasta la noche más larga.
Fin 🐾
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