El desayuno de los pájaros de invierno
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Una mañana fría de invierno, la gata Pepper miró por la ventana. El jardín estaba cubierto de escarcha, y el bebedero de los pájaros estaba congelado del todo. Un petirrojo pequeñito estaba posado en la valla, con las plumas ahuecadas como una bola redonda.
—Los pájaros parecen tener hambre —le dijo Pepper a su amiga, una niña llamada Mia—. Les cuesta mucho encontrar comida cuando el suelo está helado.
—Vamos a prepararles un desayuno de invierno —dijo Mia. Ensartaron aritos de cereales en un cordel, como collares. Untaron semillas en una piña. Cortaron una manzana en trocitos. Pepper supervisaba, que quería decir sentarse en la mesa y mirarlo todo con muchísima atención.
Mia colgó los collares de cereales en el árbol, puso la piña con semillas en una rama y dejó los trocitos de manzana en el comedero. Echó agua templada en el bebedero para derretir el hielo. ¡Chof!
Luego entraron en casa y miraron desde la ventana. Pepper se sentó muy quieta, con la cola enroscada alrededor de las patas. Hoy era una gata de mirar, no una gata de perseguir.
Al principio no pasó nada. Luego el petirrojo bajó volando y picoteó la manzana. Después llegaron dos herrerillos, columpiándose en los collares de cereales. Luego un mirlo, un gorrión y toda una familia de pinzones. El jardín se llenó de píos y aleteos.
—¡Es una fiesta de pájaros! —susurró Mia. A Pepper le temblaban los bigotes de alegría. Nunca había visto tantos pájaros diferentes tan de cerca.
Todas las mañanas de aquel invierno, Mia y Pepper prepararon el desayuno para los pájaros. Y cuando llegó la primavera, los pájaros cantaron en su jardín las canciones más bonitas, como si les dieran las gracias. Pepper ronroneaba con ellos.
Fin 🐾
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