Cola cuenta las estrellas
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
La luna estaba redonda y plateada, y la casa estaba en silencio. Cola estaba sentada en el alféizar con su carita oscura pegada al cristal. Sus ojos azules miraban hacia arriba, arriba y más arriba.
—¿Qué haces? —preguntó Fuzz, acercándose con un bostezo suave. Tenía la lengua fuera, como siempre, y su cascabel hizo un tilín chiquitito.
—Estoy contando las estrellas —dijo Cola—. Una, dos, tres... —Contó hasta veintisiete y entonces se hizo un lío—. ¿Esa era la veintisiete o la veintiocho?
Fuzz se apretujó en el alféizar a su lado. —Yo te ayudo —dijo—. Tú cuentas las estrellas de la izquierda y yo las de la derecha. —Cola pestañeó con sus largas pestañas—. Trato hecho.
Contaron juntos. —Treinta —susurró Cola. —Treinta y una —susurró Fuzz. Una brisa fresca pasó zumbando suavemente junto a la ventana. Las estrellas titilaban como si les guiñaran el ojo.
—Cuarenta y dos —dijo Cola despacio. —Cuarenta... y tres... —dijo Fuzz, todavía más despacio. Sus grandes orejas de lado se cayeron un poco. Los ojos de Cola se cerraban y se abrían, se cerraban y se abrían, y al final se quedaron cerrados.
Los dos amigos se acurrucaron juntos en el alféizar: una bola marrón a rayas junto a una de color crema. Nunca terminaron de contar las estrellas. Pero a las estrellas no les importó. Siguieron titilando toda la noche, cuidando de dos gatos dormidos que ronroneaban uno al lado del otro.
Fin 🐾
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