El gran salto del charco
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
Después de una mañana de lluvia, el jardín estaba lleno de charcos. Grandes, pequeños, y uno enorme justo en medio del camino, brillante como un espejo.
—Voy a saltarlo —dijo Fuzz, con la lengua fuera de la emoción. Cola miró el charco. Luego miró a Fuzz. —Es muy ancho —dijo, moviendo su cola oscura.
Fuzz retrocedió. Meneó el trasero. Meneo, meneo, meneo. Luego corrió, saltó y voló por el aire como un cohete a rayas.
Aterrizó justo en el mismísimo centro. ¡Chof! El agua embarrada salpicó por todas partes. Una lombriz asomó la cabeza para ver a qué venía tanto alboroto.
Fuzz se quedó de pie en el charco, chorreando. Sus grandes orejas de lado chorreaban. Sus bigotes chorreaban. Hasta su cascabel estaba lleno de agua, así que en vez de hacer tilín hacía glu-glu.
Cola intentó con todas sus fuerzas no reírse. Se aguantó. Infló los mofletes. Entonces se le escapó una risita, y luego otra, y pronto estaba rodando por la hierba seca, muerta de risa.
Fuzz también empezó a reírse. —Vale —dijo—. A lo mejor construimos un puente. —Así que encontraron una tabla plana, la pusieron sobre el charco y cruzaron por encima como un rey y una reina.
Esa tarde, después de secarse con una toalla calentita, Fuzz se acurrucó junto al fuego. —Mañana —dijo medio dormido— probaré primero con el charco pequeño. —Cola ronroneó. —Buen plan.
Fin 🐾
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