La campanita que cumplió un deseo
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
La noche del tres de octubre, después de su fiesta de cumpleaños, Fuzz notó algo raro. El cascabelito de su collar rojo brillaba, suave y dorado, como un farolillo diminuto.
Sacudió la cabeza. Tilín. Salió flotando un destello de luz que escribió palabras en el aire: «Cascabel de cumpleaños. Un deseo. Haz que suene dos veces».
A Fuzz se le salió la lengua todavía más que de costumbre. —¡Un deseo! —susurró. Corrió a despertar a Cola—. ¡Mira mi cascabel! —Los ojos azules de Cola brillaron con la luz dorada—. ¿Qué vas a desear?
Fuzz lo pensó. Podía desear una montaña de golosinas. O una torre de cajas de cartón tan alta como una casa. O unas orejas que oyeran hasta la luna. Bueno, sus orejas ya eran bastante grandes.
Entonces miró a Cola. —Mañana es tu cumpleaños —dijo—. Deseo que en tu cumpleaños podamos ver todo el cielo, todas las estrellas, de cerca.
Sacudió la cabeza dos veces. Tilín, tilín. ¡Chispas! La habitación se llenó de luz dorada, y los dos amigos subieron flotando con suavidad, salieron por la ventana y se adentraron en la noche, ligeros como pelusa de diente de león.
Flotaron entre las estrellas. Cola tocó una con la nariz, y la estrella se rio. Fuzz encontró una estrella con forma de pez, igualita. —Feliz casi cumpleaños, Cola —dijo. Cola pestañeó. —Es el mejor regalo del universo.
A medianoche, el cascabel brilló por última vez y los llevó flotando con suavidad de vuelta a sus cestas. Por la mañana, Cola se despertó el día de su cumpleaños ronroneando, con una motita de polvo de estrellas todavía en la nariz.
Fin 🐾
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