Sam, el gato de la estación
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
En la pequeña estación de tren del pueblo de Villacharco vivía un gato llamado Sam. Tenía una gorrita y un trabajo muy importante: saludar a todo el mundo.
Todas las mañanas, Sam se sentaba en el banco del andén. Cuando llegaba resoplando el primer tren, se levantaba y soltaba un maullido educado. Los pasajeros sonreían y lo saludaban. Algunos hasta decían: «¡Buenos días, señor Sam!».
Un día, una niña llamada Rosa bajó del tren con una maleta grande y cara de preocupación. —Vengo a visitar a mi abuelo —dijo—. Pero no sé dónde está su casa.
Sam conocía a todo el mundo en Villacharco. Olfateó la maleta. Olía a lavanda y a menta, igual que el jardín del abuelo Tom. «Sígueme», dijo la cola de Sam al moverse.
Y allá que se fueron: salieron de la estación, pasaron por la panadería que olía a pan calentito, cruzaron el puentecito de piedra donde los patos chapoteaban abajo y subieron por un camino lleno de curvas.
Arriba del todo había una casita cubierta de flores moradas. En el porche, un señor mayor esperaba mirando su reloj. —¡Rosa! —exclamó, y abrió los brazos.
Rosa corrió a abrazar a su abuelo. Luego se dio la vuelta para darle las gracias a Sam, pero él ya bajaba trotando por el camino. El tren de la tarde llegaría pronto, y alguien tenía que estar allí para saludar.
Esa tarde llegó un paquetito a la estación. Dentro había un dibujo de un gato con gorra y una nota: «Gracias, Sam. Eres el mejor gato de estación del mundo».
Fin 🐾
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