La oveja que contaba gatos
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
Todo el mundo sabe que cuando no puedes dormir, cuentas ovejas. Pero ¿qué cuenta una oveja cuando no puede dormir?
La oveja Lanita estaba tumbada en su prado bajo las estrellas, completamente despierta. Había intentado contar otras ovejas, pero todas estaban dormidas, roncando bajito, y así no funcionaba.
Entonces se le ocurrió una idea. Cerró los ojos e imaginó una vallita. Y por encima de la valla saltó un gato. Un gato naranja y esponjoso con la cola rizada. —Uno —susurró Lanita.
Luego vino un gato negro con calcetines blancos, saltando con elegancia. —Dos. —Luego un gatito gris diminuto, que no llegó a pasar la valla y tuvo que trepar. —Tres —dijo Lanita, sonriendo.
Un gato a rayas saltó por encima con un tintineo, porque llevaba un cascabel en el collar. —Cuatro. —Un gato blanco y esponjoso pasó flotando como una nube. —Cinco.
Los gatos seguían llegando, cada uno más lento y más dormilón que el anterior. El gato número doce se paró a mitad de camino, se sentó en la valla y se lavó una pata. El gato número trece se tumbó en la hierba y cerró los ojos.
—Catorce... —murmuró Lanita—. Quince... —La brisa de la noche hacía susurrar la hierba. Las estrellas parpadeaban despacio, como ojos con sueño.
—Dieci...séis... —dijo Lanita, y nada más. Estaba profundamente dormida, soñando con un prado lleno de gatos, todos acurrucados y ronroneando, bajo una gran luna redonda.
Fin 🐾
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