El tren dormilón
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
Todas las noches, a la hora de dormir, el Tren Dormilón pasa resoplando por el País de los Sueños. Y esta noche, la gatita Tilly tenía billete.
Subió en pijama. El vagón era suave y acogedor, con asientos de terciopelo, mantas calentitas y ventanitas redondas. El revisor era un búho viejo y amable con una gorra azul. —Billetes, por favor —ululó con suavidad.
Chucu, chucu, chucu, hacía el tren, lento y tranquilo. Uuuuu, susurraba el silbato, muy bajito, para no despertar a nadie.
Por la ventana, Tilly vio colinas cubiertas de luz de luna y ovejas dormidas en un prado como nubes esponjosas. El tren pasó por un pueblecito donde todas las ventanas estaban a oscuras, menos una, donde una abuela leía un libro.
El tren cruzó un puente sobre un río que brillaba. Los peces soltaban burbujas de sueño. El tren atravesó un bosque donde los árboles se mecían suavemente, y una familia de conejos dormía acurrucada en un montón.
—Próxima parada: estación del Sueño —dijo el búho revisor. A Tilly le pesaban los ojos. El traqueteo del tren era como estar en una cuna. Chucu, chucu, chucu. Mece, mece, mece. Soltó un bostezo largo y lento.
Se subió la manta calentita hasta la barbilla y se enroscó la cola alrededor de las patas. Fuera, las estrellas titilaban como las luces de una estación lejana.
Cuando el Tren Dormilón llegó a la estación del Sueño, Tilly ya estaba profundamente dormida, ronroneando bajito. Y el búho revisor la arropó y le susurró: —Felices sueños, pequeña viajera.
Fin 🐾
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