Dos cumpleaños seguidos
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
Fuzz se despertó el tres de octubre con la lengua ya fuera, que era lo normal, y una gran sonrisa, que era un extra. ¡Era su cumpleaños! Saltó de su cojín y el cascabel de su collar rojo hizo tilín-tilín.
—¡Feliz cumpleaños, Fuzz! —dijo Cola, asomándose por la puerta. Sus ojos azules brillaban y su collar turquesa relucía al sol. Llevaba un regalito envuelto en una hoja.
Fuzz lo abrió. Dentro había una pluma. Y no una pluma cualquiera, sino la pluma más suave y más bailarina de todo el jardín. —La encontré para ti —dijo Cola, pestañeando. Fuzz la persiguió toda la mañana y se rio tanto que sus grandes orejas de lado se bamboleaban sin parar.
Esa noche, Fuzz no podía dormir. —Mañana es cuatro de octubre —susurró—. ¡El cumpleaños de Cola! —Y no tenía ningún regalo. Recorrió la casa de puntillas buscando algo especial. ¿Un calcetín? Demasiado apestoso. ¿Un botón? Demasiado pequeño.
Entonces se le ocurrió una idea. Por la mañana, llevó a Cola al alféizar soleado, el rincón más calentito de toda la casa, y se lo regaló durante el día entero. Hasta se sentó fuera de la ventana para que todo estuviera tranquilo y en silencio.
Cola se estiró bajo el sol dorado y ronroneó como un motorcito. —Es el mejor regalo del mundo —dijo. —Dos cumpleaños seguidos significan dos días de ser mejores amigos con más fuerza que nunca —dijo Fuzz. Y así fue.
Fin 🐾
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