Whiskers y la gatita nueva
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
Un camión de mudanzas llegó retumbando a la casa de al lado, y de una cesta salió una gatita gris diminuta con un calcetín blanco.
Whiskers miraba desde su valla. —¡Hola! —la llamó. La gatita dio un salto y se escondió detrás de una maceta. Solo asomaban sus orejas.
«Es tímida», pensó Whiskers. «Seré amable.» Así que al día siguiente, Whiskers dejó un regalo junto a la valla: una bola crujiente hecha de papel plateado.
La gatita salió despacito, la olfateó y le dio un golpecito. ¡Cric! Dio un salto, y luego le dio otro golpecito. Al poco rato la perseguía por todo el césped.
Al día siguiente, Whiskers se sentó en la valla y cantó una cancioncita: —Miau, miau, ya salió el sol, ¡ven a jugar, que el día es mejor! —La gatita se rio detrás de la maceta.
El tercer día, la gatita también se subió a la valla. Se sentó un poco apartada de Whiskers. —Me llamo Button —dijo bajito—. No conocía a nadie aquí.
—Pues ahora me conoces a mí —dijo Whiskers—. ¿Quieres ver el mejor sitio de toda la calle para mirar los pájaros?
Button asintió tan deprisa que se le menearon las orejas. Juntas caminaron por la valla hasta el viejo manzano, donde los gorriones charlaban y el sol se colaba entre las hojas como monedas de oro. Desde entonces, cada día fue una aventura en lo alto de la valla para dos.
Fin 🐾
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