El pícnic en globo
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El abuelo Whiskers tenía un globo aerostático. Tenía rayas como un caramelo, rojas, amarillas y azules, y la cesta era justo del tamaño para él y su nieta, Poppy.
—¿Lista para un pícnic en el cielo? —le preguntó. Poppy asintió con tanta fuerza que se le agitaron las orejas. Prepararon una cesta con bocadillos de pescado y un termo de leche calentita, y ¡arriba que se fueron!
¡Fiuuu! El globo subió despacio por encima de los árboles. Las casas parecían bloques de juguete. Las vacas parecían puntitos. Una bandada de gansos pasó volando y los saludó graznando.
—Mira, Poppy —dijo el abuelo, señalando—. Ahí está nuestra casa, y ahí el colegio, y ahí el río. —Poppy apretó la nariz contra el borde de la cesta. —Todo parece tan pequeño —susurró—. Y el cielo parece tan grande.
Se comieron los bocadillos mientras el globo flotaba sobre un campo de girasoles. Poppy saludó a los girasoles, y parecía que los girasoles le devolvían el saludo con la brisa.
Entonces pasó una nubecita, tan cerca que Poppy casi podía tocarla. Estiró la pata y notó algo fresquito y como de niebla. —¡He tocado una nube! —chilló.
Cuando el sol empezó a ponerse, pintando el cielo de rosa y oro, el abuelo bajó el globo con suavidad en un prado verde y blandito. La cesta aterrizó con un pequeño bote.
Poppy le dio al abuelo un gran abrazo y un maullido feliz. —¿Podemos repetirlo mañana? —preguntó. El abuelo se rio. —Quizá la semana que viene —dijo—. Las nubes también necesitan descansar.
Fin 🐾
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