Clover y las abejas trabajadoras
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
A la gatita Clover le encantaba el arbusto de lavanda del jardín. Olía dulce y estaba lleno de visitantes diminutos que zumbaban.
—¿Qué haces? —le preguntó a una abeja peludita. —Recojo néctar —zumbó la abeja—. Lo convertimos en miel. Y cuando visitamos las flores, llevamos polen de una a otra para que puedan hacer semillas.
—¿Puedo ayudar? —preguntó Clover. La abeja soltó una risa zumbona. —Eres un poco grande para una flor. Pero puedes ayudar de otra manera: déjanos trabajar y no nos des zarpazos.
Así que Clover se sentó muy quieta y miró. Las abejas iban de flor en flor. Cada una llevaba en las patas unos bultitos amarillos de polen, como diminutas bolsas de la compra.
El viento soplaba suave y la lavanda se mecía. Los pájaros cantaban en el seto. A Clover le temblaron los bigotes cuando una abeja se posó justo en su nariz, dijo «Perdona» y se marchó volando.
Clover se rio tanto que rodó por la hierba. Cuando se incorporó, las abejas seguían zumbando felices, y el jardín parecía más alegre que nunca.
Esa tarde, la familia de Clover merendó tostadas con miel. Clover las olfateó y ronroneó. —Gracias, abejas —susurró hacia la ventana.
Fin 🐾
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