La sorpresa de la oruga
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
La gatita Daisy encontró una oruga verde y peludita que mordisqueaba una hoja. —Hola —le dijo—. Tienes mucha hambre. —Muchísima —dijo la oruga, entre mordisco y mordisco—. Tengo que hacer algo muy grande.
Daisy visitaba a la oruga todos los días. La oruga comía y comía, y crecía y crecía. —¿Qué es esa cosa tan grande? —le preguntaba Daisy. —Ya lo verás —decía la oruga guiñándole un ojo.
Un día, la oruga no estaba en su hoja. En su lugar, Daisy encontró una cajita marrón colgada de una ramita. —Se llama crisálida —le dijo su madre—. La oruga está dentro, cambiando.
Daisy esperó. Y esperó. Iba a mirar cada mañana. El viento mecía la ramita, la lluvia repiqueteaba en las hojas, pero la crisálida seguía tranquila y quieta.
Y una mañana de sol, la crisálida empezó a menearse. Apareció una grieta. Salió un ala arrugada y húmeda, y luego otra. Daisy contuvo la respiración.
Las alas se abrieron despacio. Eran naranjas y negras, con manchitas blancas como estrellas diminutas. ¡Era una mariposa!
—¡Soy yo! —dijo la mariposa—. ¿Te acuerdas de la oruga hambrienta? —Daisy se quedó con la boca abierta. —¡Te has convertido en algo completamente diferente!
La mariposa revoloteó hacia el sol, dio una vueltecita alrededor de las orejas de Daisy y se posó en una flor. —Gracias por esperar conmigo —dijo. Daisy ronroneó. Esperar había sido difícil, pero había merecido la pena.
Fin 🐾
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