El paseo nocturno del erizo
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
Casi todas las noches, el gato Tigre estaba acurrucado dentro de casa. Pero esa noche hacía calor, así que se sentó en el escalón de atrás a mirar cómo brillaba el jardín bajo la luna.
Snif, snif. Ras, ras. Algo redondo y pinchudo cruzaba el césped despacito. A Tigre se le levantaron las orejas. —¿Quién anda ahí?
—Solo yo —dijo una vocecita. Era una eriza con la nariz puntiaguda y unos ojillos brillantes—. Soy Hattie. Voy a dar mi paseo nocturno. ¿Vienes?
Tigre nunca había dado un paseo nocturno. Siguió a Hattie por el borde del parterre. —¿Por qué paseas de noche? —le preguntó. —Porque es cuando mi desayuno está despierto —dijo Hattie, masticando un escarabajo.
Pasaron junto a una rana sentada al lado del estanque, cantando. Croac, croac. La brisa traía el olor dulce de las flores de la noche. Un búho ululó bajito desde el roble.
—El jardín es diferente de noche —susurró Tigre—. Hay mucho movimiento, pero en silencio. —Hattie asintió. —Muchos solo salimos cuando ha salido la luna.
Cuando llegaron al agujero de la valla, Hattie se paró. —Por aquí me voy al jardín de al lado —dijo—. Gracias por pasear conmigo. —Tigre le dio un toquecito suave con la nariz. Sus púas no le hicieron ningún daño, porque tuvo cuidado.
Tigre volvió al escalón y soltó un gran bostezo. La luna le guiñó un ojo. En algún lugar, una pequeña eriza seguía husmeando feliz en la noche.
Fin 🐾
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