La semilla que creció
🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.
El gato Barnaby encontró una semilla. Era pequeña y a rayas, y se parecía un poco a la cola diminuta de un gato. —¿Y qué hago contigo? —le preguntó.
—Plántala —dijo la vieja jardinera, la señora Higuera—. Dale tierra, agua y sol, y ten paciencia.
Así que Barnaby cavó un agujerito con la pata, metió la semilla y la tapó con tierra. Luego le echó un poco de agua. ¡Chof! —Crece, por favor —le dijo con educación.
A la mañana siguiente salió corriendo. Nada. A la otra mañana, nada otra vez. —A lo mejor es tímida —dijo Barnaby.
Siguió regándola. La lluvia también ayudó. El sol calentaba. Y al séptimo día, un brote verde y diminuto asomó de la tierra, con dos hojitas como manos que saludaban.
Barnaby se puso tan contento que bailó a su alrededor. Cada día crecía más. Más alta que la hierba. Más alta que Barnaby. ¡Más alta que la valla!
Y una mañana, arriba del todo, se abrió una enorme flor amarilla, redonda como el sol. ¡Era un girasol! Su cara giraba para seguir al sol por el cielo. Las abejas zumbaban a su alrededor, y los pájaros venían a visitarlo.
Al final del verano, el girasol estaba lleno de semillas nuevas a rayas. Barnaby les dio algunas a los pájaros y guardó otras para el año siguiente. —Una semilla ha hecho cien semillas —dijo muy orgulloso.
Fin 🐾
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