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La taza que ronroneaba

🪄 Magia · 2 min de lectura · 261 palabras

🔊 Léemelo Abre la Hora del Cuento: las palabras se iluminan mientras se lee el cuento en voz alta.

En la acogedora cocina del abuelo Theo había una estantería llena de tazas. La mayoría eran normales. Pero una, con flores azules pintadas, ronroneaba.

Nadie creía al gatito Ziggy cuando lo contaba. —Las tazas no ronronean —decía su hermano mayor. —Las tazas ni siquiera tienen bigotes —decía su hermana.

Pero Ziggy sabía lo que había oído. Así que una tarde de lluvia, saltó a la estantería, con muchísimo cuidado, y se sentó justo al lado de la taza de flores. —Hola —susurró.

La taza se tambaleó. Luego volvió a ronronear, y de dentro salió de un brinco una gatita chiquitísima, no más grande que un terrón de azúcar, con el pelo tan azul como las flores pintadas.

—Hola —chilló la gatita diminuta—. Soy Bluebell. Vivo aquí dentro. Siempre está calentito porque el abuelo prepara muchísimo té. —Ziggy abrió mucho los ojos. —¿Puedo visitarte?

Bluebell le espolvoreó un poco de purpurina en la nariz y, ¡fiu!, Ziggy encogió hasta caber también dentro de la taza. Era como una habitación redonda y diminuta, con un cojín blandito hecho de una bolsita de té y un cuadro de una tetera en la pared.

Jugaron a pillar dentro de la taza y se contaron chistes hasta que Ziggy oyó al abuelo llamar para cenar. Bluebell volvió a espolvorear la purpurina, y Ziggy recuperó su tamaño normal justo a tiempo.

—¿Dónde estabas? —le preguntó su hermano. Ziggy solo sonrió. Desde la estantería, muy bajito, llegó un ronroneo.

Fin 🐾

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